Mi primera experiencia con trufas alucinogenas

Hola, voy a contaras mi primera experiencia con trufas. Esto ocurrió hace unos meses, con trufas Hollandia, la dosis fue de 15 g. con el estómago vacío. Soy un chico de 21 años, 65 Kg y en ese momento el estado de ánimo era muy bueno.
En el mes de abril una amiga, por mi cumpleaños, me regaló las trufas y decidí que no esperaría ni una semana más a probar enteógenos. Nadie de mis más cercanos amigos quería acompañarme y la que me las regaló no estaba, así que tras buscar mucha información me lancé a probarlos sólo.

Estaba en mi casa, un sitio muy tranquilo, parecido a un pueblo pero en medio de la ciudad. Ese día no comí a penas nada, sólo a la mañana unas verduras cocidas y un té a media tarde.
Como iba a estar sólo preparé toda la casa haciendo diversos espacios, para jugar. Una habitación la llené de telas y una lámpara con luces de colores. Preparé el baño con velas y llené la bañera con agua muy caliente ( ya tendría tiempo de enfriar). La cocina la cerré con llave, por evitar desastres. En el salón aparté todo y estiré una manta, puse cojines, incienso y saqué mi juego de pequeño, el famoso LEGO, para algo serviría. También plastilina, ceras de colores, témperas… todo lo que me ocurría! Enchufé el ordenador por si quería música, preparé unos cuantos porros de maría, zumo de naranja y lo más importante, agarré las trufas. Empecé a comerlas, tenía pensado comer la mitad y dejar la otra para más tarde, cuando bajara un poco. Pero soy muy impaciente y terminé con todo. A los 20 minutos aproximadamente, me entró el ataque de risa más intenso de mi vida. Me parecía todo gracioso, todo! Al terminar el ataque de risa comencé a ver los colores más intensamente. Me fui al espacio de las telas. Miré las luces de la lámpara y me parecían las luces más hermosas que había visto, tenían un toque de plasticidad, de irrealidad, me gustaba. Era como estar dentro de un libro de cuentos. Me metí dentro de las telas y pensé que era infinito ese espacio. Las telas dejaban pasar la luz y parecía que estaba en una especie de universo multicolor, donde nada era nada, sólo color, las formas abstractas y suaves…ohh….. eso sí que sí, que suave!!!

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Me desnudé para sentir esa suavidad, ese cosquilleo por todo el cuerpo. El hecho de desvestirme me parecía casi orgásmico, el deslizar de la ropa, los ligeros toques de las telas contra el pelo, sentía todo mil veces amplificado! Me senté y estuve media hora obervando los colores y ondulaciones de las telas; les soplé y en ese momento vi el propio aire salir de mis pulmones, lo vi como se puede ver el humo cuando fumas con un bong, denso como una nube. Ahí ya flipé, no pude parar de soplar, hasta ver todo nubes a mi alrededor. Ahí pensé “Estoy en el polo norte. Las setas son puertas y me llevarán a todos los lugares que quiera, sí quiero estar en el Polo Norte.” Sentí hasta frío! Busqué ropa pero no podía encontrarla, ese espacio era tan inmenso… Así que agarré una tela y me la até como pude. Me maté a reír cuando me vi en el espejo del salón, soy un monje! Soy Jesús! Sí claro, todo cuadraba, el incienso, la túnica… Ya me emparanoié con el incienso, observé cómo se consumía, parecía no terminar nunca. Me quedé un buen rato viendo la brasa rojiza, como cambiaba de formas, parecía hablarme con dibujos. Encendí un porro, porque así vería el dibujo de la brasa más grande. En el momento de encenderlo visualicé por completo el crecimiento de esa planta hasta llegar a mi boca. Todo! No se si fue realmente así pero todo parecía indicar que sí. Ví una mano germinando la semilla, como crecía, como florecía ( ese momento fue espléndido, pues sentí como si yo fuera esa planta, que alegría, que fuerza, que maldito orgasmo cuando saqué todas mis fuerzas, todo mi interior para producir esos hijos, esos cogollos….!), como cortaban secaban, pasaban de manos en manos… todo! Nunca me supo tan bien una calada… Sentí como fluía la marihuana con las trufas, como si se llamaran, como si dijesen Ey! Mézclanos!
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Entre las formas ondulantes y grotescas ( deformaciones pero buenas, bonitas va) del salón hubo algo que me llamó la atención. Me acerqué a esa cosa chiquitina que había debajo del mueble. Un tesoro! Era un láser. Creí haber encontrado el mejor tesoro del mundo. Jugué con él, la luz del láser era distinta. En vez de verla como una línea, era más bien como una lámina, algo así como un rectángulo de luz plano. Lo proyecté hacia la lámpara apagada del techo y la luz se expandió en todas las direcciones, todo era rojo, todo hacía formas geométricas. Impresionante (No es posible describirlo, hacía como diferentes dimensiones, planos jamás vistos, recomiendo sin duda jugar con un láser en pleno viaje para verlo con vuestros ojos).
Bebí un vaso de zumo y no era capaz de notar su sabor, como si el sentido del gusto se me hubiese atrofiado. Cogí el vaso vacío, metí el láser dentro y apunté hacia una pared. Se proyectó primero la silueta de un perro, tras un rato el perro tomó forma y dimensión, se movía, corría ( en el mismo sitio). Apunté a otro lado y veía como un cachito de universo. Apunté a otro y vi un cubo (mítico cubo que se dibuja siempre) con una explosión dentro, se me ocurrió que era el salón y la explosión era yo, como algo nuevo que se está creando en un espacio cerrado y que acabará por explotar. Lo último que vi fue un hombre ( esto era peor dibujado, los otros dibujos eran más nítidos) con las manos extendidas hacia el mar, invocando. Una luz como de una estrella iba bajando, subía un poco y volvía a bajar hasta posarse en el mar; en ese momento el mar giró 90º e hizo una línea vertical que se convirtió en una mano, y esa mano en un revólver. En ese momento escuche un ruido fuera de la casa ( supongo fueron paranoias mías) y del miedo incontrolable que pillé ( un miedo más que fuera de lo normal) me empezaron a dar rollo taquicardias, comencé a gritar “mamaaa!” ( sí, tal cual una niña asustada jaja), el corazón parecía salir del pecho, cada pálpito golpeaba tan fuerte que dolía. En ese momento pensé que moría, que era mi fin, por eso el revólver, por eso todos esos dibujos, todo, todo encajaba, era mi fin. Pensé que si era mi fin por lo menos tendría que disfrutarlo, sentir la muerte de cerca, verla! Eso me hizo relajar, el pulso volvió a la normalidad y yo me fui a fumar otro porro y a pensar en otra cosa. Me fui a fuera a fumar, un poco de aire vendría bien. El momento en el exterior fue de paz, armonía, tranquilidad, seguridad. Era noche sin luna, y se veían fantásticas las estrellas. Pensé, cuanto medirá la distancia entre estrella y estrella? Ahí fue mi perdición porque comenzó una obsesión con las medidas. Me fui a dentro por un metro y comencé a medirlo todo y lo apuntaba. No me llegó y tuve que irme fuera a medir. Medí árboles, la hierba, la distancia de un agujero a otro de la nariz, mis propios testículos… todo! Y me marché con el metro a la calle, me parecía vital hacerlo, como si fuera algo importantísimo. Tomaría medidas de todo, y cada cierto tiempo tendría que volver para ver si medía lo mismo. Así que ahí estaba yo, un viernes noche, vestido con una tela medio transparente, amarilla, midiendo las aceras, las carreteras, semáforos, señales y un largo etc. Siendo fotografiado, grabado, la gente se moría de risa al verme en tales circunstancias. Y yo tan feliz, me daba lo mismo que se rieran, yo estaba haciendo una tarea importante para la humanidad, pues demostraría que las medidas cambian todo el tiempo, porque todo es ondulante. Cuando llevaba como kilómetro y medio de mediciones estaba agotadísimo. Me fui a un parque y me subí a una de estas casetas que luego terminan en tobogán, me quedé allí el resto del tiempo, me parecía seguro aquel lugar, me gustaba, tanto que pensé en vivir allí para siempre, no me haría falta nada, porque siempre estaría así de bien. Me quedé dormido entre bonitos pensamientos del mundo, de mi vida, muy filosófico todo. Y ahí terminó el viaje, maravilloso. Lo que no me pareció tan maravilloso fue despertar contracturado en el cuello, muerto de frío y con niños gritando a mi alrededor y madres y abuelas escandalizadas por mis pocas y llamativas vestimentas.
No puedo comparar con otros viajes porque fue el primero y último, pero me pareció impresionante, me lo pasé genial y volveré a repetir. Esta vez será pronto, pero acompañado. Lo que sí repetiré será acomodar el espacio, pues me dio mucho, pero que mucho juego.
Todo esto y más duraría como unas ocho horas más o menos, no podría asegurarlo, mi traje de monje no incluía reloj…

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